En Infrarural siempre hemos creído que la colaboración es la mejor de las herramientas en la construcción del desarrollo comunitario, a lo largo de nuestros años de trabajo hemos tenido la oportunidad de colaborar con diversas organizaciones y personas y de cada una hemos aprendido algo y confiamos que algo hemos podido aportar a su desarrollo, sin embargo nuestro más grande encuentro siempre ha sido y será siempre con las comunidades, con ellas hemos logrado nuestros aprendizajes más profundos, aquellos que han marcado nuestro rumbo como organización y los valores a los que nos hemos mantenido fieles.  Y desde todos esos vínculos y aprendizajes es que ahora nos vemos ante la responsabilidad inaplazable de trabajar con mayor ahínco después de esta emergencia. 

Esta pandemia, nos ha reafirmado aquello que veníamos observando en cada una de nuestras intervenciones y más allá de eso nos ha recalcado lo inaplazable de nuestra labor ante la gravedad de las situaciones a las que nos enfrentamos. Nos ha confirmado el hecho de que las poblaciones rurales no se encuentran aisladas ni son inmunes a las emergencias globales, sino que ahora su vínculo con otras geografías es palpable y constante tanto como sus carencias, aquellas que las vuelven vulnerables, en muchas ocasiones aún más vulnerables que a otros sectores. La dificultad para acceder a recursos tan básicos como el agua ha obstaculizado el ejercicio de medidas de prevención esenciales en este escenario, la alta presencia de comorbilidades vinculadas a prácticas alimentarias deficientes pone en mayor riesgo su salud, además de otras situaciones como el deterioro de las funciones pulmonares  y cardiacas a causa de factores de riesgo como la exposición constante al humo; producto de la combustión de la leña usada en tareas domésticas, estas y otras circunstancias están innegablemente presentes en la realidad de muchas comunidades. 

Sin embargo a la par de todas estás riesgosas carencias, de las comunidades hemos aprendido también la fortaleza, la unión y la solidaridad, hemos comprendido al tejido comunitario muchas veces como la mayor de las riqueza de estas poblaciones, porque desde siempre ha servido de cobijo y hoy sirve de escudo; no un escudo infalible pero si uno de mucha utilidad. Este elemento, este factor comunitario es aquello que ha permitido el desarrollo de cada uno de nuestros proyectos, y es algo que se encuentra independientemente de nuestra presencia, y es lo que en gran medida les ha permitido a muchos pueblos resistir y salir abantes de diversas dificultades, por eso en todo momento nuestro objetivo central será la comunidad, como origen y como destino.

Y ahora buscamos potenciar nuestros impactos, porque es necesario, porque siempre lo ha sido pero esta necesidad se nos ha vuelto aún más palpable. Porque después de esta emergencia se necesitarán de muchas manos, se requerirá de unidad, y confiamos en que muchas organizaciones y personas harán lo propio en distintos terrenos, el nuestro es el de las comunidades rurales y es ahí adonde volveremos siempre y cuando las condiciones nos lo permitan. Es por eso que hacemos un llamado a la colaboración y la solidaridad a todas aquellas personas y organizaciones que quieran construir este camino junto con nosotros. Los invitamos a sumarse, a compartir un objetivo común, el de trabajar por construir mejores condiciones de vida para las comunidades, siempre de su mano, mediante vínculos de colaboración y aprendizaje mutuos. Construyamos una red, es momento de unirnos por el desarrollo comunitario. 

Después de esta emergencia la unidad y la vuelta al trabajo con las comunidades.

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